Que el marketing, como brazo armado del capital, lo devora todo no es ninguna novedad. Como ya apuntaba Monseñor, hasta la contracultura ha terminado por convertirse en un producto de consumo, el movimiento “no logo” en una tendencia de lo más fashion, y hasta la gente que rebusca entre la basura su sustento diario se ha acabado convirtiendo en un grupo de lo más trendy etiquetado como freegans.
Y como no podía ser de otra manera, parece que hasta este, nuestro blog, podría llevar una de esas etiquetas con las que a los “golfatillos” de tendencias y adictos a los estudios de mercado les encanta identificar a todo lo que se mueve, la del Anarco Dandismo.
Y como no podía ser de otra manera, parece que hasta este, nuestro blog, podría llevar una de esas etiquetas con las que a los “golfatillos” de tendencias y adictos a los estudios de mercado les encanta identificar a todo lo que se mueve, la del Anarco Dandismo.
Según las últimas tendencias registradas en la Gran Bretaña, las personas que, como nosotros, hemos optado por hacer de las buenas maneras, las charlas de café, y el goce de compartir a fuego lento los pequeños placeres de la vida un refugio contra la grosería, el feísmo, lo inmediato, la dictadura tecnológica y el stress como distintivo del éxito profesional, podríamos estar etiquetados dentro de este movimiento, del que la revista “The Chap” parece ser su máximo estandarte.
Da igual hacia donde se mueva uno, no importa en que recóndita casilla de este tablero te coloques, el jaque del marketing será inmediato. Si intentas perderte en un desierto, aislarte de esta sociedad y enviar al pedo a todo el universo conocido, no dudes que lo harás con una etiqueta pegada a tu cogote. Ni siquiera serás consciente de ella, pero algún iluminado de la mercadotecnia te la habrá enganchado, como uno de aquellos muñecos de papel que colgaban de las espaldas de los incautos el día de los santos inocentes, al pasar junto a él de camino a tu voluntario retiro.
No hay lugar donde esconderse. Hay códigos de barras y etiquetas para todos. Y puestos a llevar una, qué quieren que les diga, tal vez la del Anarco Dandismo no sea la peor de ellas. De momento y si me lo permiten, dejaremos aquí el tema, es la hora del té.
Da igual hacia donde se mueva uno, no importa en que recóndita casilla de este tablero te coloques, el jaque del marketing será inmediato. Si intentas perderte en un desierto, aislarte de esta sociedad y enviar al pedo a todo el universo conocido, no dudes que lo harás con una etiqueta pegada a tu cogote. Ni siquiera serás consciente de ella, pero algún iluminado de la mercadotecnia te la habrá enganchado, como uno de aquellos muñecos de papel que colgaban de las espaldas de los incautos el día de los santos inocentes, al pasar junto a él de camino a tu voluntario retiro.
No hay lugar donde esconderse. Hay códigos de barras y etiquetas para todos. Y puestos a llevar una, qué quieren que les diga, tal vez la del Anarco Dandismo no sea la peor de ellas. De momento y si me lo permiten, dejaremos aquí el tema, es la hora del té.
Lord M'Bera


























































