Generation Kill es una miniserie tan difícil de ver y de juzgar como el conflicto que intenta retratar. Tampoco ayuda mucho la comparación que se ha pretendido hacer entre ésta y Hermanos de Sangre, y que probablemente responde más a cuestiones promocionales y de marketing que a posibles similitudes entre ambas producciones. Y vaya por delante que Generation Kill está lejos de ser una mierda (HBO no suele apostar a caballos cojos) pero por diferentes razones, la comparación con Hermanos de Sangre debe evitarse a toda costa si pretendes llegar hasta el episodio final (tarea nada fácil). Porque Generation Kill no acepta comparición alguna con Hermanos de Sangre, ni por lo que explica ni por cómo lo explica.
Mientras que la Segunda Guerra era un conflicto mundial en el que estaba en juego un nuevo orden político y social. La Guerra de Iraq es un conflicto de intereses económicos entre corporaciones.
Los soldados americanos en la Segunda Guerra Mundial tenían claro el por qué y el por quién combatían. En la guerra de Iraq eran y son manifiestas las dificultades para justificar la invasión y motivar a los soldados. A los soldados que no forman parte de Blackwater, ya que a éstos se la suda todo lo que no sea recibir su sustanciosa paga a final de mes y para los no hay nada personal en el asunto sino únicamente una cuestión de negocios.
Muchos hombres dieron sentido a sus vidas combatiendo en la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario, en la guerra de Iraq, salvo los mercenarios de Blackwater y cuatro dementes que aprovechan la coyuntura para dar rienda suelta a sus instintos más sádicos, nadie tiene muy claro qué es exactamente lo que hacen allí.
En la Segunda Guerra Mundial la mayoría de soldados eran gente sencilla en la que el ejército, en contraposición a sus vidas cotidianas, representaba la experiencia más excitante e intensa que cabía imaginar. En Iraq, los soldados evidencian a cada momento la clara conciencia de haber sido privados de una vida más cómoda y llena de sofisticaciones y abundancia.
Durante la Segunda Guerra, tanto la marcha al frente de los soldados como su regreso a casa estuvo revestido con el aura de los héroes. Tras la última contienda mundial, ningún soldado americano, a su vuelta, ha sido recibido como un héroe ni considerado como tal por la opinión pública de su país ni la del resto del mundo.
Estas son algunas de las razones por las que, a diferencia de los personajes de Hermanos de Sangre, resulta del todo imposible empatizar con los protagonistas de Generation Kill.
Con los primeros no tardas en conectar. Lo haces ya en el primer episodio. Odias al capitan Sobel. Abres una cerveza cuando lo relevan del mando de la compañía. Pasas miedo cuando saltan sobre Normandía. Tiritas de frío en Bastogne y finalmente te emborrachas con ellos en el Nido del Águila.
Con los segundos no es que no llegues a identificarte, es que estás desando que salgan los iraquíes de detrás de una duna y los corran a hostias hasta Winsconsin.
Por memos. Por ignorantes y analfabetos. Pero sobretodo, por soplapollas y prepotentes. Y a medida que avanza la serie te das cuenta de que esa es la intención. Ese es el sentimiento que pretenden provocarte. Porque esta no es una película de guerra al uso. Como tampoco lo es la guerra de Iraq.
Aquí no hay héroes. Y no los hay porque no hay situaciones heroícas. La guerra de Iraq (lo siento por los muertos) es una guerra aburrida donde los soldados, lejos de la épica, se convierten en comerciales, vendedores del american way of life.
Y la serie lo dibuja a la perfección. Lástima que el trazo final, el que acaba de unir los puntos clave y nos muestra por fin el dibujo al completo, llegue en los últimos diez minutos del capítulo final. Y el resultado es cinematográficamente bonito, un final inteligente resuelto con una elegancia poco habitual que justifica el logo de HBO al inicio de cada episodio y el esfuerzo realizado por tus retinas durante las seis horas y cincuenta minutos anteriores.
He tardado casi un mes en ver la serie completa. No puede decirse que la cosa enganche. Aún estando en calidad por encima de la media, GK es un producto extraño que se salta a la torera los mimbres básicos de cualquier relato dramatizado. Cada uno de sus episodios (excepto el último) son un redoble de tambor sostenido sin “chimpún” final. Algo imperdonable en una producción seriada.
Generation Kill, sin ser un mal producto, es la linea más larga entre dos puntos. Un taxista pícaro que te pasea tres veces por la misma avenida antes de dejarte en la puerta del hotel y al que, a pesar de eso, le acabas dando propina porque durante el trayecto te ha explicado con gracia un par cosas interesantes. Probablemente en otro formato, hubiera pasado de ser una serie difícil de digerir, a ser una película de culto. Un clásico contemporáneo y postmoderno del cine bélico.
Lord M’Bera