
Vivimos tiempos convulsos. Celéricos, absurdos, paupérrimos, coléricos, esperpénticos, ditirámbicos, cacafónicos y, como consecuencia, mentirosos per se. Nos están apretando tanto que no nos han dejado otra alternativa. Tendemos inconscientemente al usufructo. Del tipo que sea. Uno muy común es el de arrebatar a quien realmente corresponde la realidad de no disponer de tiempo y apropiarnos esa desgracia como si legítimamente nos fuera tan nuestra como el propio ombligo. En eso se sustenta mi "Teoría de la Usufructuación del Notiempismo". Rebátanmela, prego.
- ¿Pudiste mirarme aquello?
- No tengo tiempo.
- ¿Conseguiste ir a allí?
- No tengo tiempo.
- A ver si podemos quedar.
- No tengo tiempo.
- Mándame un e-mail.
- No tengo tiempo.
- ¿Leíste el libro que te dejé?
- No tengo tiempo.
- ¿Has escuchado el disco?
- No tengo tiempo.
- ¿Quedamos para cenar?
- No tengo tiempo.
- Vamos a ver la última de...
- No tengo tiempo.
- ¿Has matado ya a tu padre?
- No tengo tiempo.
La lista sería tan interminable que, con sinceridad, no tengo tiempo ni para esbozarla. Pero sirva este escuálido introito como ejemplo.
Lo grave es que son respuestas sinceras. Tan llenas de verdad que uno se pondría a llorar y/o a dar limosna. Porque son respuestas de personas que te son próximas y queridas. Convencidas de que viven en un vértigo que les devora y les impide cumplir con la existencia que quisieran.
Lo grave también es que a poco que te dediquen unos minutos te das cuenta de que están al día de todo. Que su cuota de televisión es similar o por encima de la media nacional, que ven cine, escuchan música, leen libros, que salen a cenar, que van de compras, de copas, que duermen sus ocho horas, que juegan con la Play, que, en fin, no se están absolutamente de nada salvo de aquello que no les sale de los cojones. A eso es a lo que en realidad y sin saberlo llaman "no tengo tiempo".
Y es ahí donde el usufructo de un hecho tan penoso como el carecer de tiempo convierte en patético el propio hecho de usufructuar.
Vivimos, sí, en una sociedad habitada en su mayoría por esta nueva subespecie de usufructuadores del notiempismo convencida además de que no usufructúa nada. De que es su puritita realidad. Cuando su realidad lo que demuestra es que son gente que se ha vuelto rutinaria, cómoda, caprichosa y muy esquiva. Si yo que dispongo de todo el tiempo del mundo alcanzara a hacer la mitad de lo que ellos hacen sin disponer de un minuto me clavaría astillas en la bolsa escrotal como penitencia.
La próxima vez que alguien le diga a alguno de ustedes "no tengo tiempo" ya sabe que sencillamente y aunque él lo ignore que le está diciendo "no me jodas la vida que está muy bien como está".
Podría ser peor. Podrían hacerlo aposta.
El Conde de Montacristos
- ¿Pudiste mirarme aquello?
- No tengo tiempo.
- ¿Conseguiste ir a allí?
- No tengo tiempo.
- A ver si podemos quedar.
- No tengo tiempo.
- Mándame un e-mail.
- No tengo tiempo.
- ¿Leíste el libro que te dejé?
- No tengo tiempo.
- ¿Has escuchado el disco?
- No tengo tiempo.
- ¿Quedamos para cenar?
- No tengo tiempo.
- Vamos a ver la última de...
- No tengo tiempo.
- ¿Has matado ya a tu padre?
- No tengo tiempo.
La lista sería tan interminable que, con sinceridad, no tengo tiempo ni para esbozarla. Pero sirva este escuálido introito como ejemplo.
Lo grave es que son respuestas sinceras. Tan llenas de verdad que uno se pondría a llorar y/o a dar limosna. Porque son respuestas de personas que te son próximas y queridas. Convencidas de que viven en un vértigo que les devora y les impide cumplir con la existencia que quisieran.
Lo grave también es que a poco que te dediquen unos minutos te das cuenta de que están al día de todo. Que su cuota de televisión es similar o por encima de la media nacional, que ven cine, escuchan música, leen libros, que salen a cenar, que van de compras, de copas, que duermen sus ocho horas, que juegan con la Play, que, en fin, no se están absolutamente de nada salvo de aquello que no les sale de los cojones. A eso es a lo que en realidad y sin saberlo llaman "no tengo tiempo".
Y es ahí donde el usufructo de un hecho tan penoso como el carecer de tiempo convierte en patético el propio hecho de usufructuar.
Vivimos, sí, en una sociedad habitada en su mayoría por esta nueva subespecie de usufructuadores del notiempismo convencida además de que no usufructúa nada. De que es su puritita realidad. Cuando su realidad lo que demuestra es que son gente que se ha vuelto rutinaria, cómoda, caprichosa y muy esquiva. Si yo que dispongo de todo el tiempo del mundo alcanzara a hacer la mitad de lo que ellos hacen sin disponer de un minuto me clavaría astillas en la bolsa escrotal como penitencia.
La próxima vez que alguien le diga a alguno de ustedes "no tengo tiempo" ya sabe que sencillamente y aunque él lo ignore que le está diciendo "no me jodas la vida que está muy bien como está".
Podría ser peor. Podrían hacerlo aposta.
El Conde de Montacristos
2 comentario/s:
Sr. Conde sus cávilas son siempre acertadas....aunque yo en este tiempo daría lo que fuera por poder decir "no tengo tiempo" de ese tiempo que Usted afirma que tienen algunos con suerte...de ese falso breve tiempo que es nuestro y que no dedicamos a los nuestros...en fin que yo no encuentro ni ese mi tiempo...vivo sin vivir en mi, pues vivo sin tener tiempo de mi! Un muy grande beso para alguien que hoy me ha dedicado una gran parte de su verdadero tiempo!
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Lady Di Van, es usted un amor. De otro, pero un verdadero amor.
ECdM.
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