domingo 15 de febrero de 2009

TEORÍA DEL RETRASO ENDÉMICO



     Tanto a El ßarón como a mí nos han preguntado en multitud de ocasiones cómo encontramos las cosas en Internet (de hecho es lo único que nos preguntan, como si nuestra salud fuera un tema baladí). No puedo responder por él (aunque ganas me sobran) pero si puedo responder por mí. Simplemente utilizo una teoría que he desarrollado a lo largo de mis años como internauta: la Teoría del Retraso Endémico.

     Todo ser humano es único. Mentira.

     Todo ser humano es especial. Error.

     Todo ser humano es original. Falso.

     Todo ser humano aspira a lo que nadie más aspira. Un disparate.

     Todo ser humano piensa de una forma distinta. Aberrante.

     Todo ser humano actúa según unos patrones propios. Monta aquí y verás París.

     La lista sería interminable, pero creo que ya es suficiente humillación para todos nosotros con lo que he escrito. No es algo que improvise. Pongan ustedes en cualquier buscador lo que se les ocurra:

     "
espectro"+"fluorescente"+"caca"+"H2O"

     Encontrarán no una o dos direcciones. Encontrarán cientos. Y no salen todas. Esta es la base sobre la que se sustenta la "
Teoría del Retraso Endémico".

     Siempre, siempre, siempre hay alguien que ha pensado lo mismo que tú, antes que tú y, además, lo ha puesto en marcha.

     Preguntar quién es esa primera persona es como preguntar qué fue primero el huevo o la gallina. No importa. Lo importante es que, con un 98% de probabilidades lo que tú buscas está. Sólo tienes que ser hábil para encontrarlo. Saber eso es vital. Porque en los primeros tiempos de navegación estás perdido y ni se te ocurre ir directamente a por ello. Te conformas con lo que encuentras.

     La "
Teoría del Retraso Endémico" demuestra que se puede aspirar a mucho más. Casi al 100% de lo que quieras buscar.

     Acabo de hacer la prueba con:

     "
espectro"+"fluorescente"+"caca"+"H2O"

     Han salido 1.290 resultados. No pienso averiguar de qué va la cosa.

     Bienvenidos a la civilización queridos clones.




               El Conde de Montacristos