
Cualquiera que haya tenido un mínimo de escolarización recordará claramente el vocablo "Centrípeta". Una palabra así es, como los diamantes, para siempre. Venía anclada a otra bastante más mundana, "Fuerza". Y ambas, en eterna comunión, pasean por el limbo de nuestro inconsciente como el matrimonio conocido por "Fuerza Centrípeta". Algo que, muy a la pata la llana, consiste en los bemoles que hay que aplicar a un lo que sea para que venciendo la inercia describa una trayectoria curva. ¿Me siguen?
(Dando por hecho que ustedes se van a desentender de lo que sobre ella dice wikipedia y aceptarán, por más sencilla, la definición de la RAE vamos ya a exponer nuestra teoría).
In illo tempore las personas recibíamos dinero de muy diversas formas y por muy variados conceptos (eso no ha cambiado ostensiblemente. Tampoco las cantidades).
Pero la trayectoria era recta. Tu empresa, tu jefe, el Estado, tus propiedades, tu chulo, te daban, en función de lo establecido, una recompensa económica directamente en las manos.
Un día alguien pensó que un buen modo de fiscalizar el dinero sería obligar por la fuerza a todo ciudadano a abrir una cuenta en una entidad financiera. Al Estado y a la Banca, que son la misma cosa, les maravilló la idea. Así empezó la centripetación.
Ese genio no sólo había conseguido controlar gran parte del flujo del dinero sino que también había sentado las bases para que la ejemplar rectitud de la línea recta se tornara en este bochornoso espectáculo curvilíneo.
Hoy en día, elegantemente, haciendo esa curva, tú dinero te esquiva. Ni te mira. Es tu entidad bancaria quien lo recibe y quien, después de concederte audiencia, decide cuanto te queda.
Antes se ha encargado de devolver todos tus recibos, ampliar tus deudas, coserte a intereses, cobrarte por nada, ningunearte, esquivar tus proyectiles y volverte, literalmente, un miserable.
Eso no sería grave si sólo nos pasara a unos cuantos. Pero actualmente la centripetación del dinero ha alcanzado tal grado que los mismos que nos roban a nosotros son a su vez robados. ¿Cómo? ¿Por qué?
La línea curva. Nada llega a su destino.
¿A qué se debe el que en estos momentos los bancos no presten dinero si se supone que viven de eso? Porque no saben si tienen o no. Están totalmente centripetados.
Y hacen bien en no dar créditos. Porque no tienen ni un chavo. Nadie tiene. El dinero ya está tristemente desaparecido. Se lo han centripetado del todo.
Y se lo han centripetado porque el dinero ha abandonado su trayectoria natural (de tu mano a la mía) para meterlo por intrincados laberintos de chanchullería financiera (de tus incommings a los míos).
Hoy el dinero es argot, una forma de hablar, de entenderse, pero no una realidad. Hoy hay plástico, acciones, bonos, promesas, desconcierto y hambre. Pero lo que es dinero ni un solo céntimo en ninguna parte.
Salvo en los bolsillos de los Grandes Centripetadores. Los de siempre. Pero de ellos ya expondré en otra ocasión mi teoría.
El Conde de Montacristos
(Dando por hecho que ustedes se van a desentender de lo que sobre ella dice wikipedia y aceptarán, por más sencilla, la definición de la RAE vamos ya a exponer nuestra teoría).
In illo tempore las personas recibíamos dinero de muy diversas formas y por muy variados conceptos (eso no ha cambiado ostensiblemente. Tampoco las cantidades).
Pero la trayectoria era recta. Tu empresa, tu jefe, el Estado, tus propiedades, tu chulo, te daban, en función de lo establecido, una recompensa económica directamente en las manos.
Un día alguien pensó que un buen modo de fiscalizar el dinero sería obligar por la fuerza a todo ciudadano a abrir una cuenta en una entidad financiera. Al Estado y a la Banca, que son la misma cosa, les maravilló la idea. Así empezó la centripetación.
Ese genio no sólo había conseguido controlar gran parte del flujo del dinero sino que también había sentado las bases para que la ejemplar rectitud de la línea recta se tornara en este bochornoso espectáculo curvilíneo.
Hoy en día, elegantemente, haciendo esa curva, tú dinero te esquiva. Ni te mira. Es tu entidad bancaria quien lo recibe y quien, después de concederte audiencia, decide cuanto te queda.
Antes se ha encargado de devolver todos tus recibos, ampliar tus deudas, coserte a intereses, cobrarte por nada, ningunearte, esquivar tus proyectiles y volverte, literalmente, un miserable.
Eso no sería grave si sólo nos pasara a unos cuantos. Pero actualmente la centripetación del dinero ha alcanzado tal grado que los mismos que nos roban a nosotros son a su vez robados. ¿Cómo? ¿Por qué?
La línea curva. Nada llega a su destino.
¿A qué se debe el que en estos momentos los bancos no presten dinero si se supone que viven de eso? Porque no saben si tienen o no. Están totalmente centripetados.
Y hacen bien en no dar créditos. Porque no tienen ni un chavo. Nadie tiene. El dinero ya está tristemente desaparecido. Se lo han centripetado del todo.
Y se lo han centripetado porque el dinero ha abandonado su trayectoria natural (de tu mano a la mía) para meterlo por intrincados laberintos de chanchullería financiera (de tus incommings a los míos).
Hoy el dinero es argot, una forma de hablar, de entenderse, pero no una realidad. Hoy hay plástico, acciones, bonos, promesas, desconcierto y hambre. Pero lo que es dinero ni un solo céntimo en ninguna parte.
Salvo en los bolsillos de los Grandes Centripetadores. Los de siempre. Pero de ellos ya expondré en otra ocasión mi teoría.
El Conde de Montacristos
2 comentario/s:
Centripetado estoy, señor Conde. En tal mesura que espero poder abandonar las cuclillas en que la succión de mi entepierna me tiene gracias a la progresiva desecación del moco de pavo.
Grande Conde. Gran exposición la suya.
Habría que reflexionar sobre la fuerza centrífuga. La que sufrimos los individuos cuando nuestros dineros fugan hacia el consumo, orquestado por los centrifugadores (empresas). Luego centripetan a los bolsillos de los centripetadores que están compinchados con los centrifugadores...
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