
Aquí me tienen a poco de las 00:00 redactando el testamento del año que se va. Y no, no es que me haya equivocado calculando la fecha, es que vamos para atrás.
Recibo pocas llamadas (debe ser porque mis conocidos saben que sólo tengo un teléfono y temen desgastarlo) pero en las cuatro que he recibido durante la jornada existía un denominador común: la preocupación o curiosidad por saber adónde iban a ir a parar mis huesos la noche de hoy.
Jamás celebro el año nuevo, señoras. Me conformo con celebrar la nochevieja en un salón de mi modesto palacio con una mantita de lana en las rodillas, algo de leña en el fuego y un delicado Burdeos deslizándose por mi gaznate sin querer ofender a nadie y menos a los riojanos.
Yo me alegro de acabar los años, sí. Mucho. Me enorgullezo. Lo bramo por los balcones. Lo pregono en las plazas y lo publico en bandos. Envío correos, a pie, a caballo y a lomos de cerdo. Lo escribo en el cielo con fuegos artificiales y lo pinto en las paredes con esencia de hierba. Sí, yo me ufano y me vanaglorio. Yo me relamo, me miro en el espejo y me doy cachetitos en las mejillas. Me siento poderoso. Imbatible. Supremo...
Hasta que acto seguido caigo en la cuenta de que acaba de empezar otro laaaaaaaaaaaargo año. Y si hay algo a lo que temo no es a los años que han pasado es a los que han de pasar.
Entonces me deshincho. Enflaquezco, encanezco, envejezco. Me asusto de mi sombra. De la suya. De la sombra de las sombras. Tengo temblores. Fiebres, picores. Ardores que horadan mi ser. Quizás algo de lepra. Me quedo tuerto, luego ciego. De pronto lo veo todo y es negro. Me pongo rígido. No todo. Muy pálido. Tampoco. Me crecen las uñas y el pelo. Palpitaciones. Sudores fríos. Arritmia. Heces en forma de melena. Me pongo muy malo. Viene el año que viene con todo lo que trae y la gente ahí fuera danzando cual vestales. Tengo pus. Pero roja. Quizás es una herida que me hecho cuando he perdido el conocimiento. Conocimiento. Esa es la palabra que buscaba. La acabo de perder. La dejé por aquí. No puede estar lejos. ¿Quién la tiene? NADIE.
Vamos para atrás con turborreactores. Que más da un ocho que un nueve. El culo nos lo van a poner morado igual.
El Conde de Montacristos

















