Desde que oí hablar de ella, justo antes de la entrega de los últimos Emmy, tenía y sentía una curiosidad malsana por echarle un ojo. El morbo que produce ver bajo el prisma de las ficciones dramáticas un ambiente tan conocido, resulta inevitable.
Aunque parece ser que los tópicos a la hora de retratar a los publicitarios (¿por qué insistirán en llamarles publicistas? Joder, que le echen un vistazo al libro del maestro Moliné “La fuerza de la publicidad” y acabaremos de una vez por todas con la confusión entre los dos vocablos) parece inevitable, lo cierto es que la serie promete (si, ya se que decir esto de la serie que se ha llevado el Emmy, parece una obviedad, pero a estas alturas todos sabemos que los premios no son necesariamente sinónimo de calidad) la ambientación y la estética resultan de lo más creibles (casi echo de menos el doblaje puertoriqueño con sus “bosquejos” y sus “afiches” a Darren y a Samantha...) y los personajes de lo más familiares y creíbles (salvando las distancias).
Destacables los títulos de crédito, herederos del mejor estilo de Saul Bass.
En fin, que sólo he visto un episodio y aunque aún me quedan los cinco restantes de esta primera entrega, ya tengo ganas de ver colgada el resto de la temporada. Gracias señor
Conde.
Por cierto, como soy un impaciente, me he hecho una cuenta premium en Megaupload (de momento por un mes y al módico precio de 9,99 euros) y las descargas múltiples van como motos.

Para intentar aportar algo interesante a cambio de estas delicatessen televisivas, me gustaría recomendaros un libro (cuando aprenda a subir contenidos intentaré aportar también alguna descarga que valga la pena) con el que he disfrutado mucho estas últimas semanas, “Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay”.
Yo no había oído hablar de él (mis limitaciones son ilimitadas) hasta que alguien, conocedor de mi afición a los comics, me lo regaló.
Lo sorprendente es que esta novela es ganadora del premio Pulitzer 2001 y su autor, Michael Chabon, artífice de un par de éxitos editoriales anteriores a éste.
La novela relata en forma novelada la falsa biografía de Joseph Kavalier y Sam Clay, que con su personaje “El Escapista” se convierten en los reyes de la época dorada del comic, compiteindo en éxito con “Superman” y “Batman”. En la narración aparecen personajes reales, como Salvador Dalí y Stan Lee entre otros.
De hecho los personajes de Kavalier y Clay están basados en Stan Lee y Jack Kirby, aunque situados en la edad de oro del comic, los años ‘30 en lugar de la edad de plata, los ‘60, de los Lee y Kirby fueron los artífices con la revitalización del genero de los superhéroes.

Para los que que crecimos leyendo comics del universo Marvel (y los del universo “Creepy” de Jim Warren, que aunque no iba de superheroes, en sus páginas se daban cita los dibujantes más importante de esa época, muchos de los cuales, Eugene Colan, Steve Ditko, Jim Steranko... simultaneaban su trabajo entre las dos editoriales) la lectura de esta novela resulta casi obligatoria.
Tal es el “pollo” que el tal Chabon ha provocado con su novela, que en estos momentos varios de los autores americanos de comic más prestigiosos, se hayan embarcado en dibujar las aventuras de “El Escapista” (personaje que jamás existió en los años ‘30) para dar vida y hacer realidad a un personaje que hasta este momento sólo había tenido vida en la novela de Chabon.
En fin, la novela no es la hostia, pero si imprescindible para cualquier amante de los comics o por lo menos admiradores del equipo Lee-Kirby.
En la web, si clicais en Google “El Escapista de Michael Chabon” y navegáis un poco por las páginas que os salgan, veréis de lo que os estoy hablando. Un caso raro de comunión entre dos grandes artes, el comic y la literatura. Sólo por eso, os aseguro que vale la pena echarle un ojo a la novela.
Lord M'Bera